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No sólo es una cuestión de adultos… 2 de cada 10 niños mexicanos presentan síntomas de estrés y ansiedad.

No sólo es una cuestión de adultos… 2 de cada 10 niños mexicanos presentan síntomas de estrés y ansiedad.

noviembre 16, 2019 by soporte0
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Investigadores de la Facultad de Psicología de la UNAM (2016) revelaron que 2 de cada 10 niños y jóvenes mexicanos presentan síntomas relacionados con el estrés y la ansiedad.

Aunque el estrés es parte del desarrollo de los niños, es importante dotarlos desde la edad preescolar de técnicas para afrontarlo y equilibrarlo, de forma tal, que no afecte su salud ni su aprendizaje, algo que depende tanto de los padres como del colegio.

Los altos niveles de estrés en los niños tienen consecuencias físicas y emocionales, por lo que es recomendable observarlos para identificar problemas de este tipo y autoanalizarnos como adultos, con el fin de descartar que estemos fungiendo como factor detonante de este estrés en nuestros propios hijos.

El reto como padres es convertirnos en un ejemplo de buenos hábitos. Debemos vigilar en nuestros hijos su descanso y alimentación de acuerdo con su edad y su nivel de desarrollo, manteniendo una comunicación constante y generando siempre su confianza.

Las repercusiones físicas del estrés en los menores se refleja en problemas como dolor de cabeza, resfriados frecuentes, irritabilidad, tristeza, enojo, problemas para dormir, terrores nocturnos, retroceso en las conductas madurativas y hábitos nerviosos como morderse las uñas o chuparse el dedo. En cuanto a las repercusiones emocionales puede presentarse el cambio drástico de humor, incapacidad para relajarse, comportamiento agresivo o violento, miedo a la oscuridad, a estar solo o retroceso en sus etapas de desarrollo.

Un factor importante del grado de estrés que sufre un niño, tiene que ver también con su personalidad. De ahí que situaciones como una pequeña modificación en su rutina, el cambio de escuela y asuntos más complicados como el divorcio de los padres o la pérdida de un ser querido, pueden afectar de manera diferente a cada niño.

 

¿Cómo ayudar a mi hijo?


Si bien las nuevas experiencias son parte de la vida, como medidas para evitar el estrés o afrontarlo es necesario mantener una comunicación constante con el niño para informarle -­­­­con la debida anticipación- sobre algún cambio y explicarle, de acuerdo con su edad, las consecuencias que eso significará.

Mostrar apertura para escuchar sus puntos de vista, sus inquietudes, sus miedos y temores. Esto también es importante para fortalecer su autoestima y alimentar su confianza.

Es aconsejable que la comunicación basada en la confianza jamás se cierre, por lo que es importante invitarle constantemente, a través del diálogo o mediante el juego, análisis de cuentos a exteriorizar sus dudas y sus sentimientos.

La idea es evitar aquellas situaciones en las que el estrés constante influye en el desarrollo pleno del niño, por lo que el primer paso es el autoanálisis del adulto a su cargo para descartar que exista ya un problema de comunicación y, en caso necesario, hacerle frente buscando la asesoría de un especialista.

 

González Martínez, M. y García González, M. (1995). El estrés y el niño. Factores de estrés durante la infancia. Ediciones Universidad de Salamanca Aula, 7, pp. 185-201 ISSN: 0214-23402.

 

https://kidshealth.org/es/parents/stress-esp.html

 


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